El Locutorio como negocio
El equipamiento de un locutorio, al margen de los gastos de alquiler y de personal, oscila entre los 6.000 y los 9.000 euros para un establecimiento con cinco cabinas telefónicas, para que sea rentable lo importante es el horario. Un locutorio debe permanecer abierto una media de 14 horas al día, ya que, por los horarios de los países a los que se llama, cada inmigrante elegirá un tramo del día. Por la mañana acuden personas procedentes de países cuya franja horaria es similar a la española. Así, es habitual ver a magrebíes, nigerianos, argelinos, etc. Sin embargo, por la tarde es más habitual encontrar en un locutorio a los llegados de América Latina: ecuatorianos, colombianos, peruanos, etc. Para poder dar este servicio los locutorios telefónicos también se han convertido en generadores de empleo entre la población inmigrante. Aunque el dueño sea un español, según los propietarios consultados “es aconsejable que quien atienda al público conozca sus necesidades, así es lógico que se contrate a personas de procedencia africana o latinoamericana”. Carlos Palacios confirma que en su locutorio de Valencia ha contratado a dos mujeres “con papeles”. “Por la mañana hay una mujer marroquí que habla árabe y que resulta de gran ayuda para quienes vienen de África. Por la tarde, sin embargo hay una chica chilena que ayuda a todos los que vienen de América”.
Joaquín Rebollo, por su parte reconoce que es importante que haya cierta familiaridad entre quien está de cara al público y los clientes, ya que permite fidelizar a la clientela y convertirse en un centro de reunión. Rebollo también nos ha explicado que la rentabilidad de un locutorio no se consigue incrementando mucho el porcentaje de beneficio sobre el precio de los minutos, ya que “un inmigrante es capaz de recorrer largas distancias en la búsqueda de un locutorio con mejores precios para llamar a su país”. Así pues, no se trata de un negocio “para hacerse rico, pero sí para vivir”. En este sentido, Rebollo reconoce que montar un negocio de estas características se ha convertido “en una forma de auto empleo para los inmigrantes, ya que muchos de ellos optan por establecerse por su cuenta” .
Otra posibilidad que se está extendiendo es la franquicia. De este modo, la persona que decide establecerse como propietario de un locutorio, sólo debe localizar un lugar adecuado e incorporarse a una empresa mayor. El coste de instalación lo asume el franquiciado pero se beneficia de un grupo mayor que puede optar a la compra de minutos mucho más económicos.
Dónde ubicar un locutorio
Ruzafa y Orriols en Valencia, San Francisco en Bilbao, La Latina en Madrid… son barrios donde han emergido locutorios telefónicos como respuesta a la llegada de población inmigrante que, además, se concentra en barrios muy determinados en cada ciudad. Por eso es importante saber elegir la ubicación. Los lugares más apropiados son aquellos en los que hay inmigrantes, turistas o estudiantes extranjeros. De ahí que los campus universitarios de las ciudades españolas comiencen a vislumbrarse como otro punto de negocio.
El gerente de un locutorio de Marbella nos ha confirmado que una buena forma de decidir dónde ubicar un locutorio se basa en la investigación previa sobre la población de un barrio o ciudad. “Lo mejor es acudir al ayuntamiento y solicitar un listado del censo del pueblo en función del lugar de nacimiento”. De esa manera se obtiene información sobre dónde reside la población extranjera y dónde puede ubicarse un locutorio.
Sin embargo, quedan flecos de población sin atender. Se trata de los padres cuyos hijos estudian en el extranjero. La generalización de becas y programas internacionales de intercambio estudiantil ha creado una serie de padres cuyos hijos residen fuera de España. Aunque el negocio surge como respuesta a la necesidad de comunicación de una población recién llegada, empieza a ser negocio también ofrecer servicio para llamar a otros países como Estados Unidos, países de la Unión Europea o Australia. No obstante, el desconocimiento de los locutorios y de sus posibilidades por parte de la población española hace que no se usen demasiado.
Un dominicano en Madrid
Guillermo Montero Sánchez, es un inmigrante dominicano de 35 años que vive en Madrid, con su esposa y su hija. Tiene los papeles en regla y trabaja en la construcción de forma temporal. Se queja de que el dinero que ganan, él y su mujer, no les alcanza para llegar a fin de mes. Tiene tres préstamos bancarios y terminará de pagarlos dentro de cinco años. Aún así, prefiere vivir en España.
Generalmente se trata de personas jóvenes que proceden en su mayoría del campo, sin formación adecuada y con varios hijos. Ocupan puestos de trabajo, como mano de obra barata, en la construcción, la agricultura y servicios.
Su salario diario ronda, en el mejor de los casos los 8 euros diarios. Viven en el extrarradio de la ciudad y sufren, como el resto de ciudadanos, las consecuencias del “boom” inmobiliario.
Pagan alquileres altos por apartamentos reducidos, que no superan los 50 metros cuadrados, y que muchas veces comparten.
- Si sabías que la vida en España era cara, ¿Por qué viniste?
- Porque mi mujer y mi hija estaban aquí. Unos amigos me invitaron a su boda y ya no me volví a marchar. Encontré a mi familia muy necesitada, mi mujer trabajaba en el servicio doméstico y la niña echaba de menos a su padre.
Me convertí en un ilegal y hasta que me ofrecieron un contrato en regla, hice un poco de todo, pintaba, arreglaba jardines, trabajaba en albañilería. Todo lo que me salía.
- ¿Fue difícil arreglar los papeles?
- Más que difícil fue bastante caro. Me costó más de 1,800 euros, entre viajes de avión a la República Dominicana y el pago de documentos. Tuve que pedir el primer crédito, y todavía lo estoy pagando.
Ahora tengo dos más: uno que pedí para celebrar la Primera Comunión de mi hija, de 2,200 euros y el último, el pasado mes de diciembre, que amplié mil euros más, porque me quedé sin trabajo y no podíamos pagar la casa.
- ¿Es fácil para un inmigrante pedir créditos personales en España?
- No es nada fácil. Sólo te lo dan si tienes nómina, y ¡depende del tipo de nómina!.Yo tengo suerte porque mi mujer, ahora, trabaja en hostelería. Los tres préstamos son con la misma entidad y me parece que pago un 8 ó un 9 por ciento de interés. Algo así, esas cosas no las tengo muy claras.






